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Terra
La Coctelera

La Alvorada

Llegamos a la Alvorada para no dormir en el Chuy. Ahi pedimos que nos dejaan en el camping. Fuimos hasta el almacen y preguntamos donde quedaba el famoso camping. Llegamos y no había unha persona menor de 55 anhos, una era Cristina la duenia del camping y su madre Victoria, ahh y la doberman que no me acuerdo como se llamaba (pero era un nombre de gente). Pusimos la carpa tranquilaso abajo de unas acacias y nos dedicamos a cocinar alguna cosita. Primero prendimos el fuego, cosa que se encargo el scout matías.

Después yo me mande un guisito que ya de entrada largaba un olorcito a panceta,que como venía nuestra dieta, era un manjar de cielo. Acompaniamos con una Kaiser gelada.

Se comió el guisito sin masticar, Matías arrancó para el sobre y yo me fui a caminar un poco porque la estrellada noche ameritaba unas horas más de vigilia. Di un par de vueltas y volví como hipnotizado al sobre.
El segundo día en la Alvorada estuvo bárbaro ya que bajamos a la playa y nos fuimos a caminar termo bajo sobaco, pegamos un banhito, el agua estaba bien salada y verde.

A la vuelta nos pusimos a hablar con unos cordobeses y, o casualidad, una de ellas iba a la Escuela de Ciencias de la Información en Córdoba (donde estuve en julio del anio pasado visitando amigos de la radio revés) y conocíamos gente en común. Nos pusimos a charlar ellos estaban tomando un fernet con coca (me acordé de mi amigo Esteban habitué del fernandino) y nosotros meta mate y mate. Nos quedamos toda la tarde charlando con los locos que, que eran macanudasos. Se habló de fútbol, vida, cuarteto, rocanrol, viaje, mochila, etc. Los locos estaban en Santa Teresa y habían venido a un toque, al que fuimos después.

LLegamos de la playa y nos fuimos a dar una vueltita para ver que había, llegamos a un lugar que estaba inaugurando algo que para mi esran unos techos y unas maderas, pero que para el prefeito (prefeito es como el intendente, pero de pequenias zonas) era una obra de las más importantes de la Barra del Chuy brasilera, le daba un color a la obrita esa, casualidad que estuviera a nu anio de las elecciones.
Después tocó una banda de un género indefinible, pero con la que nos reímos mucho con el guitarrista que tenía un talento innato. Aparte bailaba, era una cosa de locos.

Después nos pegamos un banio y arrancamos para el Chuy uruguayo (dos kilómetros que a la ida no costaron tanto), había un toque con la banda central Sodromo, que no me gusta para nada. Así que entramos a algunos bares tiramos unos pasitos. Y nos volvimos caminando esos kilómetros que parecían una eternidad. Llegamos y sin mediar palabra atacamos las colchonetas.

Chuy (primera parte)

Como todos los días en esta travesía nos levantamos puteando por levantarnos tarde. Levantamos rapidito el igloo y arrancamos para la principal de Punta del Diablo a hacer dedo. En eso llega una cara conocida del barrio, era el padre de Laura Echeverría, nunca había hablado con él pero de pronto eramos vecinos de toda la vida, tanto así que agarro el auto y nos llevo hasta la ruta (un grande).
Ahí nos tomamos un vascolet en el almacen y después el omnibus para el Chuy.
En la frontera dejamos las cosas en la agencia y salimos a dar un vuelta, la idea era ver un poco los precios, yo quería comprar un igloo y una mochila pero gastando poco (clásica disyuntiva "gastar o no gastar"). Ahí fuimos hasta un restorán, yo pedí una milanesa que la fritaron en un aceite aniejado (era de cuando Nacional salió campeón del mundo) por lo que me vino una milanesa peludita. Aun así había hambre y se comió con gusto.
Al final lo único que compramos en el Chuy fue unas pastillas de fruta en el supermercado y tres calzones. Los tres calzones me quedan bien porque la mujer antes de comprarlo me miró el culo, meditó si era mi talle y me dijo que esos me iban a quedar bien.
Más tarde a eso de las dos de la tarde arrancamos para la frontera del Chuy, eran como dos km que eran insoportables con las mochilas y el sol. Llegamos a la primera ESSO y me pegué un banhito ya que aca todas las estaciones de servicio tienen ducha.
En esa estación se nos pusieron a conversar dos personajes, Martín se llamaba uno, estos viajaban sin un peso, decían

"ca en el chuy no te lleva naie muchacho, nosotro hace como cinco día que estamo acá, nos echaron de la aduana porque quemamos todo"

Macanudos los píbes pero con esa facha no los levanta nadie.
Llegamos a la frontera estuvimos dos o tres horas preguntando a los camiones si nos llevaban, se nos hizo la noche (no salen camiones hasta el otro día). Como no teníamos ganas de dormir ahí, nos fuimos para un camping en La Alvorada.
Se pasó bien, en el próximo les cuento.

El arranque

Arranqué para la Floresta con Caíto que iba para la casa de la Negra. Ahí Matías debía estar esperándome en el semáforo.
En el omnibus nos despedimos Con mi divina novia Clavito, con un dejo de tristeza pero ya pensando en el reencuentro.
Llegué al semáforo y Matías no estaba, me tuvo nada mas ni nada menos que 2 horitas esperando el nene. Ahí dije "si así empezamos el viaje, estamos en el horno", pasada la calentura arrancamos para el semáforo con toda la enrgía.
Aparte de nosotros había otro mochilero también haciendo dedo, pero no se movía el loco (quiero aclarar que la ley de mochilero, es que el que llega primero tiene la preferencia sobre el lugar y sobre preguntar a los autos). Este muchacho medio vago a primera impresión se hace llamar el Cabeza y fue un tipo que nos acompanio (estoy en Brasil no tengo enie) durante todo el primer día.
Ahí estuvimos preguntando a varios autos entre Matías y yo. Estuvimos veinte minutos, ahí el Cabeza se levantó y en cinco minutos consiguió un auto para los tres, increíble.
El tipo que nos levantó era un salvavidas que se había casado el día anterior y venía con una resaca bárbara. Se había casado con una Brasileira Paulista y estaba de luna de miel a punta del este.
El baywatch nos dejó en la entrada de Pan de azúcar. Ahí caminamos con las mochilas hasta el almacen que hay sobre la ruta, compramos unas cositas y nos tiramos a la sombra a comer unas buenas milangas.

En Pan de Azúcar estuvimos esperando como dos horas y había mucho mochilero, así que nos tomamos un omnibus hasta Rocha con el Mati.
Ahí nos bajamos en la estación y procuramos conversar con la gente a ver si alguien nos llevaba hasta Punta del Diablo que era nuestro primer destino. Mientras estábamos dedicado a nuestra tarea cayó nuevamente el Cabeza que venía en un auto con tres minas. En la estación de Rocha estuve mas o menos dos horas preguntándole a todo el mundo si nos llevaban, cayendo la tarde fue Matías y en cinco minutos consiguió viaje para Pta del Diablo.
Así llegamos a nuestro primer destino los tres.
Llegamos a una casa de amigos de Matías donde nos trataron bárbaro y donde pusimos la carpa y dejamos las mochilas.

Salimos, tomamos unas cervecitas y comimos unas empanadas de pescado mirando el mar, La playa estaba hermosa igual que la noche. Mucha tranquilidad

La partida

El día antes de partir enloquecí a un pueblo que me falta esto, que me falta lo otro. Muchas gracias papá, mamá y Caíto que me bancaron, y me apoyaron más allá de que mucho no le gustaba la idea, sobre todo al Pocho.
Mi legendario companhero y hermano Rodrigo también estuvo en casa con Marina, preguntándome un poquito sobre el viaje.
Les mando un abrazo grande y nos vemos a la vuelta.

La caito con cara de "Pebe cortala"

"Mamá cosiendo la mochila, quién dijo que los mochileros son autosuficientes"