Como todos los días en esta travesía nos levantamos puteando por levantarnos tarde. Levantamos rapidito el igloo y arrancamos para la principal de Punta del Diablo a hacer dedo. En eso llega una cara conocida del barrio, era el padre de Laura Echeverría, nunca había hablado con él pero de pronto eramos vecinos de toda la vida, tanto así que agarro el auto y nos llevo hasta la ruta (un grande).
Ahí nos tomamos un vascolet en el almacen y después el omnibus para el Chuy.
En la frontera dejamos las cosas en la agencia y salimos a dar un vuelta, la idea era ver un poco los precios, yo quería comprar un igloo y una mochila pero gastando poco (clásica disyuntiva "gastar o no gastar"). Ahí fuimos hasta un restorán, yo pedí una milanesa que la fritaron en un aceite aniejado (era de cuando Nacional salió campeón del mundo) por lo que me vino una milanesa peludita. Aun así había hambre y se comió con gusto.
Al final lo único que compramos en el Chuy fue unas pastillas de fruta en el supermercado y tres calzones. Los tres calzones me quedan bien porque la mujer antes de comprarlo me miró el culo, meditó si era mi talle y me dijo que esos me iban a quedar bien.
Más tarde a eso de las dos de la tarde arrancamos para la frontera del Chuy, eran como dos km que eran insoportables con las mochilas y el sol. Llegamos a la primera ESSO y me pegué un banhito ya que aca todas las estaciones de servicio tienen ducha.
En esa estación se nos pusieron a conversar dos personajes, Martín se llamaba uno, estos viajaban sin un peso, decían
"ca en el chuy no te lleva naie muchacho, nosotro hace como cinco día que estamo acá, nos echaron de la aduana porque quemamos todo"
Macanudos los píbes pero con esa facha no los levanta nadie.
Llegamos a la frontera estuvimos dos o tres horas preguntando a los camiones si nos llevaban, se nos hizo la noche (no salen camiones hasta el otro día). Como no teníamos ganas de dormir ahí, nos fuimos para un camping en La Alvorada.
Se pasó bien, en el próximo les cuento.

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